• Editorial

    Publicado en marzo 3rd, 2012

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    El día domingo 26 de febrero publiqué un remitido en la prensa independiente de Quito y Guayaquil. Lo hice porque los ecuatorianos estamos agotados del espec­táculo burdo de los permanentes desen­frenos del Presidente de la República que no solamente pusieron en ridículo su ima­gen mundial, sino que develan la situación aterradora de la justicia en nuestro país –de la nueva justicia revo­lucionada– que hoy, como nunca antes, se encuentra secuestrada por los más nefastos intereses. Sin justicia no hay sociedad, sin jus­ticia no hay libertad, sin justicia no hay democracia.

    La remisión forzada, el perdón a regañadientes, lleno de odio y plagado de condenas contra la prensa libre del Ecuador y el mundo, contra los más prestigiosos intelectuales de Iberoamérica –como el filósofo Savater, la escritora Rosa Montero o el gran Vargas Llosa– es la clara muestra de la más enfermiza intolerancia y de la vigencia de un sistema autoritario, violador de los derechos civiles de todos.

    En nuestro caso, con el afán sincero de proceder con responsabi­lidad, a pesar de innumerables ataques, descalificaciones y amena­zas, durante cinco años hemos dado nuestra opinión sobre temas relacionados con el manejo económico, comercial, político y social del país, siempre proponiendo alternativas e invitando a la concer­tación, al diálogo y a la unión de nuestro país.

    Hoy las cosas son diferentes. Esos temas –que siempre serán importantes– han pasado a un segundo plano, cuando el Poder omnímodo ha instaurado una dictadura moderna que, basada en una serie de elecciones y consultas de dudosa transparencia, ha tomado control de todos los poderes del Estado para pro­teger intereses personales, la vanidad y el desenfreno de unos pocos perversos.

    El concepto de Estado democrático, que fuera construido luego de 200 años de historia, hoy solo existe para disfrazar al régimen más autoritario y abusivo que recuerda nuestra memoria, que hoy además de desconocer nuestros derechos civiles, reniega y obsta­culiza la intervención de los más respetables organismos interna­cionales que, como lo hicieron ayer en Egipto y Libia, han iniciado procesos para defendernos del abuso del Poder.

    Sin embargo el miedo ya no transita libre por nuestra Patria. Personas valientes como Carlos, César y Nicolás Pérez; Emilio Palacio; Christian Zurita y Juan Carlos Calderón; César Ricaur­te, Mauricio Alarcón; Diego Cornejo; Carlos Vera; Carlos Jijón; Jorge Ortiz; Alfredo Pinargote, Janeth Hinostroza y Estefani Es­pín; han demostrado que los ecuatorianos somos mucho más que esos pocos perversos; y han convalidado que seamos la Luz de América, ese fuego vital que ha comenzado a poner fin a la más larga y tenebrosa pesadilla que, por desgracia, se posó sobre nuestro maravilloso país.

    Esta entrada fue publicada el Sábado, marzo 3rd, 2012 a las 6:26 pm bajo la categoría Editorial. Usted puede seguir las respuestas a esta entrada a través de la suscripción de la fuente RSS 2.0 . Si desea puede dejar un comentario, o utilizar un vinculo de referencia desde su propia página.
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