• Editorial

    Publicado en octubre 1st, 2011

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    El 1 de octubre de este año fue exactamente igual al del año anterior: el alboroto y el griterío habían termi­nado, los pedazos de todo lo vulnerado se limpiaban con cautela, las madres de los ecuatorianos falleci­dos y heridos lloraban su desgracia y la propaganda oficial atormentaba con imágenes de la pesadilla, intentando reivindicar errores para convertirlos en aciertos. Se sentía en el ambiente una sensación de vacío, un dolor profundo, un tormento penetran­te. Y en todos los rincones del país se escuchaba un susurro que tomaba fuerza y atormentaba nuestras almas: ¿por qué tuvimos que vivir momentos tan dolorosos?, ¿por qué la intemperancia, las afrentas, las amenazas, los insultos, la intolerancia? ¿Por qué tanta fanfarronería?

    ¿De qué sirven a este país atormentado por tantos problemas las alegorías sobre la democracia, cuando esta ha perdido su esencia, su motivo de ser? ¿De qué sirven a nuestra sociedad la propaganda, el mitin y la demagogia, cuando nos encontramos enlutados por la sangre de los muertos y heridos el patético 30-S; ape­sadumbrados por el odio que se respira, por el abuso que indigna y la represión que envilece? ¿Cuándo va­mos a recuperar la tranquilidad en nuestros hogares?, ¿en qué momento se volverá a respetar la libertad de las personas?, ¿cuándo la justicia dejará de ser un lú­gubre instrumento de extorsión y los legisladores la quintaesencia de la mediocridad y el descaro? ¿Cuán­do Dios hace caso a nuestras plegarias?, ¿cuándo sale el sol y brilla la luz de la libertad, del respeto, de la decencia, del progreso, de la solidaridad?

    Tal vez algún día como el 14 de septiembre del 2011, que fue distinto al del año anterior, porque jun­to con la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la Escuela Politécnica del Litoral y el aval de la Orga­nización de Estados Americanos, se presentó el pri­mer resultado de un año de diálogo y concertación, en el que participaron más de 4000 personas, deseo­sas de proponer soluciones concretas a los principa­les problemas de nuestra sociedad.

    Ecuador Posible demostró que el respetuoso cami­no del diálogo tiene como destino el mejoramiento verdadero de los problemas que acechan a nuestra nación: pobreza, inseguridad, centralismo, discrimi­nación, exclusión, falta de competitividad y de edu­cación; y que las rémoras de la libertad solo pueden ser solventadas mediante la institucionalización de la concertación social.

    Las propuestas de solución planteadas nacieron del debate ilustrado y del meticuloso trabajo por lo­grar algo mejor para nuestro país. Los temas citados no fueron tratados como la Ley de Control de Poder del Mercado, que –entre gallos y media noche–, con­solidó una nueva potestad interventora del Estado, creó más burocracia, volvió a discriminar a impor­tantes sectores de la economía, convirtiéndoles en ‘aciagos’, y envió al mundo un funesto mensaje, que nos resta más competitividad de la poca que nos queda, luego de cinco años de revolución, 90 000 millones gastados, muchos buses alquilados, mucha gente movilizada, muchas banderas teñidas, muchas cantos entonados y muchas esperanzas destrozadas.

    Esta entrada fue publicada el Sábado, octubre 1st, 2011 a las 6:10 pm bajo la categoría Editorial. Usted puede seguir las respuestas a esta entrada a través de la suscripción de la fuente RSS 2.0 . Si desea puede dejar un comentario, o utilizar un vinculo de referencia desde su propia página.
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