• Editorial

    Publicado en agosto 1st, 2010

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    En un intento por reactivar la severamente maltrecha economía nacional, el Ministerio de la Producción presentó al país un proyecto que intenta conjugar una serie de normas legales para incentivar el crecimiento del aparato productivo de nuestro país. El Código de la ministra Cely es un reconocimiento de que la empresa privada y no el Estado es el dínamo del desarrollo económico y social; y que para salir del mal trance en el que se encuentra nuestro país, es indispensable e impostergable fomentar el emprendimiento productivo privado.

     No sería justo desconocer el esfuerzo realizado por el Ministerio de la Producción, sin duda, es un primer paso. Sin embargo, es indispensable señalar que el proyecto, tal como ha sido presentado, es incompleto, pues no  incluye a los principales sectores productivos (la gran industria, el sector agrícola, entre otros); y tampoco brinda las bases necesarias de seguridad y confianza para el emprendedor, al otorgar a organismos públicos, dependientes del Ejecutivo, la potestad discriminatoria de decidir sobre aspectos trascendentales.

     La crítica situación de nuestra economía, cuando por segundo año consecutivo el producto interno bruto no crece; el índice de riesgo de nuestro país que es casi seis veces mayor al de nuestros vecinos; la inversión privada nacional y extranjera, casi inexistente; el déficit del presupuesto, que no se soluciona, y la balanza de pagos que se complica peligrosamente, temiendo un complicado problema de liquidez, obliga a que el gobierno tome decisiones que se conviertan en señales claras de un cambio de rumbo.

    En este sentido, es urgente trabajar en un esfuerzo conjunto de todos los sectores en cuatro pilares esenciales para el desarrollo: 1) el fortalecimiento institucional; 2) la estabilidad macroeconómica; 3) un buen ambiente para el emprendimiento; y, 4) una política de integración comercial eficiente. Como también es imperioso demandar que leyes que atentan contra la libertad, la seguridad jurídica, la confianza y las posibilidades ciertas de desarrollo, como las execrables leyes de comunicación y de educación superior, y las estatistas leyes de hidrocarburos y telecomunicaciones, sean archivadas para siempre.

     Sin duda ese sería el mejor código que nuestro país podría enviar al mundo. Y si lo remitimos, en muy poco tiempo se multiplicará la inversión nacional y extranjera permitiendo el desarrollo del sector productivo nacional, creando empleo, reduciendo la pobreza, mejorando las exportaciones, logrando un balance sano de las cuentas y transitando sólidamente por el camino correcto del desarrollo. Ni diagnósticos ni recetas: realidades que provienen del amor a nuestro país.

    Esta entrada fue publicada el Domingo, agosto 1st, 2010 a las 9:28 am bajo la categoría Editorial. Usted puede seguir las respuestas a esta entrada a través de la suscripción de la fuente RSS 2.0 . Si desea puede dejar un comentario, o utilizar un vinculo de referencia desde su propia página.
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